BLANCA MONTAÑA-ARQUITECTURA RECIENTE EN CHILE

7 obras de Sebastián Irarrázaval han sido publicadas en el libro Blanca Montaña, el que reune en una edición de lujo los hitos más relevantes de la historia de la arquitectura contemporánea en Chile a lo largo de más de 500 páginas de cuidado diseño, fotografía y contenido. El Libro está editado por el arquitecto catalán y Director de la revista epecializada Arquine; Miquel Adria . El proyecto es de Tomás Andreu y Claudia Pertuzé y colaboran en él Hugo Mondragón, Horacio Torrent , Max Atria y Cristobal Molina entre otros.
De acuerdo a Miquel Adriá, en la columna de opinión en el diario la Tercera; "EL LIBRO "Blanca Montaña" busca acercar a un público masivo obras singulares y recientes de la arquitectura chilena. Los edificios se mezclan y se descontextualizan para mostrarlos como postales de referencia de un lugar y una época. Un período que empieza y termina con dos muestras internacionales, dos cartas de presentación en sociedad, donde Chile eligió su mejor perfil: los pabellones chilenos en la Exposición Universal de Sevilla 1992 y en la penúltima Bienal de Venecia.
Este libro es una retrospección de un período sumamente prolífico, donde Chile, después de una constante existencia marginal, irrumpe con la arquitectura más interesante y original de todo el continente americano. La chilena se distingue de otras arquitecturas latinoamericanas por la contundencia propositiva de las últimas generaciones. Se identifica, pues, un corte generacional, fruto de una economía sumamente estable y una sólida estructura académica, liderada por la Universidad Católica inicialmente y secundada por la Diego Portales, entre otras.
En otros países no es así: en Brasil no hay corte, sino continuidad generacional y continuidad del modelo de la modernidad, arraigado profundamente, desde Lucio Costa, Oscar Niemeyer, pasando por Paulo Mendes da Rocha, hasta llegar a Angelo Bucci. En México -donde resido- se distingue, en cambio, la diversidad como insignia. Tanto generacional como estilísticamente, la arquitectura mexicana muestra su efervescencia en todos los frentes y, por tanto, a falta de rumbo se diluye el resultado. Y quizá el caso colombiano, por sólo citar los más destacables, pudiera ser un brevísimo período, reflejo de la coyuntura socioeconómica efervescente de los años recientes.
Este libro, en cambio, aborda un corte temporal de poco más de tres lustros, en los que la arquitectura chilena ha dado sus mejores frutos. Muchos son los arquitectos que destacan en este rico panorama. Difícilmente, otro país americano pudiera mostrar un elenco tan amplio y de tan buen nivel. José Cruz, Germán del Sol, Mathías Klotz, Smijan Radic, Cecilia Puga, Alejandro Aravena, Sebastián Irarrázaval, Alberto Mozó, FAR (Marc Frohn & Mario Rojas), Assadi+Pulido, Pezo von Ellrichshausen o Eduardo Castillo son algunas de las caras más destacadas de una realidad efervescente que, a su vez, son la punta de lanza de una sólida cultura arquitectónica más próxima al pragmatismo y a la eficacia funcional tardomoderna que al discurso teórico que avala cualquiera de los "ismos" de la reciente arquitectura contemporánea.
La arquitectura chilena nace y se desarrolla en el paisaje. Las obras definen la línea horizontal que pone límites entre el artificio construido y su espectacular territorio. La arquitectura contemporánea chilena reelabora los prototipos del Movimiento Moderno y en buena medida, los arquitectos han sido capaces de convertir en lenguaje propio la construcción de un discurso basado en la claridad geométrica.
La postal es el recuerdo de un viaje: son las fotos que envié. Y la arquitectura muchas veces es la protagonista de estas imágenes congeladas. La memoria del viajero -mi memoria- quizá adolezca de la profundidad del oriundo, sin embargo, está libre de las fobias ligadas a la pertenencia. "

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